¿Cuántas veces te tomaste el trabajo de leer los Términos y Condiciones de Usos de las páginas web en las que te registraste? La respuesta, probablemente, sea no. Seguramente leíste dos líneas y te aburriste de tanto lenguaje técnico, por eso clickeaste la opción de “acepto” sin revisar. Habiendo hecho esto, sin darte cuenta, accediste a “ser titular de los derechos de propiedad intelectual e industrial necesarios para poder publicar y poner a disposición del resto de Usuarios y visitantes los contenidos facilitados”, acorde al aviso legal publicado en Cuevana.tv. Pero esto no ocurre solamente aquí. A pesar de que en Cuevana, la aceptación de estos términos, no forma parte del proceso de registración de usuarios. En cierta forma, queda implícito que se aceptan.
Revisando otros sitios, notamos que lo citado anteriormente es un denominador común entre las distintas web de descarga de archivos y reproducción online. Teniendo en cuenta lo aclarado por el “sitio dedicado a la comunicación entre personas, mediante una estructura de red social”, mejor conocido como Tipete.com (ligado a Grupo Clarín), en su aviso legal; donde también certifica que “no actúa como un sitio de intercambio de archivos, tracker o red P2P”; se desliga de la responsabilidad de la publicación que realizan sus usuarios (“cada usuario será exclusivo responsable por las manifestaciones que vierta o las acciones que lleve adelante dentro del marco del sitio”), ya sean links de descargas provenientes de otras páginas o lo que fuere.
Básicamente, lo que se plantea en los Términos y Condiciones es que la web es una mera plataforma utilizada y moldeada por los usuarios. Desligándose de cualquier responsabilidad legal, dejándola en mano de los que utilizan la web día a día. Pero en esta historia (y teniendo en cuenta lo ocurrido con Taringa!) no sólo quien sube y descarga son los únicos protagonistas. El ser un mero “nexo” entre los usuarios, también son “responsables al menos partícipes necesarios de la maniobra y además claros conocedores de su ilicitud”, acorde al fallo emitido contra Taringa!.
Otro caso relacionado es el de Grooveshark, la página de reproducción de música online con la mayor cantidad de temas cargados y de usuarios del mundo. Al igual que las páginas mencionadas anteriormente, esta “simple plataforma de promoción gratuita”, según sus Términos de Uso, también responsabiliza a los usuarios de lo que suben. Aunque en este caso, si se violan los derechos de propiedad intelectual, los usuarios deberán indemnizar a Escape Media Group, los dueños de esta página.
A pesar de ser una plataforma, la banda Pink Floyd inició un juicio contra Grooveshark, ganándolo y logrando que se quitasen todos los temas del grupo de esta web. Aunque este logro duró apenas unos días, ya que los usuarios se encargaron, nuevamente, de subir todas las canciones a la página. Lo cual vuelve invulnerables a este tipo de “herramientas web”, como las llaman ellos. De tal manera, que la discográfica EMI llegó a un acuerdo con Grooveshark, que permite reproducir todo lo que les pertenece. Lo mismo sucedió con el sistema operativo Android. La aplicación de streaming Grooveshark había sido removida por motivos poco claros, para luego volver a ser parte, siempre y cuando el usuario esté dispuesto a abonar 9 dólares por mes para utilizarla.
En conclusión, las grandes compañías parecen estar rindiéndose a las posibilidades infinitas que presenta internet, sobre todo estas páginas web. Es un nunca acabar ya que, al igual que el mito de la serpiente, se cierra una página y se abren dos. El usuario no debería ser responsable, acorde a los Términos y Condiciones de Uso presentados, por las web. Teniendo en cuenta que la piratería no logra ser controlada, la única solución es ser inteligente y trabajar en conjunto con las grandes compañías o sancionar leyes acordes a los tiempos que corren.

No hay comentarios:
Publicar un comentario