
Desde el Motorola DynaTAC en 1983, un “ladrillo” de casi un kilo, hasta los pequeños y livianos celulares que caben en cualquier bolsillo, la telefonía celular extendió una función humana: la comunicación a distancia (tanto oral como escrita); la novedad de este aparato es que no es necesario que esté conectado con cables a ninguna pared. Hoy en día, desde cualquier parte del mundo uno se puede comunicar con otro teléfono (eso sí, tiene que haber señal).


Las llamadas desde los celulares hacen caducar la dificultad de encontrar a una persona que no esté cerca de un fijo. Además hace obsoleto al pager o localizador, un dispositivo similar aunque con menores funciones, que usaban mucho los médicos para dejar lo que estaban haciendo para atender a un enfermo o correr hacia un parto. Con los mensajes de texto se caducan formas ancestrales de avisos tales como las señales de humo, las palomas mensajeras, dos vasos conectados con un hilo, y también, por qué no, el correo epistolar. Si bien esta última forma de comunicación es necesaria, hoy en día el e-mail y el celular han matado a las viejas cartas que se mandaban amigos y familiares entre sí.
En lo que respecta al periodismo, más precisamente en las radios, el celular caduca a los viejos camiones llenos de consolas que usaban los periodistas en la calle. Antes hacer un móvil era todo un acontecimiento y se necesitaba un operador especializado para que la comunicación sea eficiente.
El celular recupera una forma de control. Los padres de esta forma con un simple llamado o mensaje de texto pueden enterarse qué o dónde están sus hijos, y de esta forma quedarse tranquilos. Aunque también esta técnica se puede implementar de un hombre o una mujer hacia su pareja.


Pero como todo, la telefonía celular tiene su inversión. Al ser algo tan popular, masivo y sobre todo transportable, uno se hace dependiente a estos aparatos. Cuando uno sale de casa y no lo tiene, uno se siente intranquilo.
En el caso de una reunión de amigos, el celular a veces hace que se pierda la esencia de juntarse. Se está tan pendiente del teléfono que no se disfruta el momento que se está compartiendo con viejos conocidos.
Otro ejemplo claro es el peligro de enviar mensajes de texto o habla por teléfono mientras uno maneja. Puede causar serios accidentes ya que uno deja de ver el camino y pierde concentración para mandar un SMS que bien puede esperar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario